Maragatos en Vilalba. La casa de las Maragatinas

Por Xosé Antonio Pombo Mosquera

Xosé Antonio Pombo Mosquera

Parafraseando a Chao Ledo.
Versos vilalbeses tabernarios

Bota viño, bo amigo,
bota viño desa cuba,
traído do vermello Bierzo,
portado por rexas mulas.

A Vilalba por camiños
chegan carros maragatos
traen viños, traen aceites
e mantas e grosos panos.

En los siglos XVII y XVIII el estado de la red viaria gallega era lamentable y provocaba el aislamiento del país, más acusado en el interior. Antiguos itinerarios medievales, y aun la vía romana que de Astorga llegaba a Lugo y Brigantium, sirvieron de base para trazar los caminos reales en los que dos carros deberían poder cruzarse. Las lluvias estacionales propias del país hacían que se embarrasen gran parte del año. Los puentes con los que salvar los abundantes cursos de agua eran escasos y no siempre estables. Los pasos y puertos por donde vadear los ríos solo eran practicables cuando no llovía mucho... Y por no ser practicables los caminos y dificultosas las comunicaciones, el comercio escaseaba y el retraso y pobreza del país resultaban evidentes. En este contexto hay que situar la llegada de los arrieros maragatos por la red viaria gallega, que al frente de recuas de mulas transportaban mercancías para negociar.

Para mejor comprensión de la situación hay que situar los maragatos en su territorio, que está formado por la de la Maragatería, situándose Astorga como su capital si bien como núcleo de referencia el municipio de la Somoza. Originalmente los maragatos se dedicaban a la labranza, pero la comarca no era excesivamente productiva y ya desde el siglo XVI complementaban su economía con el transporte de mercancías mediante recuas de mulas. Se dice de ellos que tenían costumbres diferentes de los habitantes de comarcas vecinas y que se casaban entre ellos, hecho que se podría explicar por la necesidad de no dispersar riquezas familiares.

Dos fueron los nichos principales donde desarrollaban sus negocios, alimentación y productos textiles, sin olvidar que otros productos también eran objeto de transacciones cuando así se demandaba. Incluso se documentan casos en los que eran maragatos los que se encargaban del transporte de dinero en efectivo para pagar a los soldados o atender el funcionamiento de la administración del Estado.

En el caso del comercio que hacían en Galicia se sabe que traían lentejas, garbanzos, vinos y vinagres, aceite, especias, quesos curados, algunos embutidos, jabones y productos textiles derivados de la lana y del algodón, pues en las casas de la Maragatería abundaban las tejedoras. Famosas eran las mantas zamoranas y palentinas confeccionadas con lana de oveja. Para la Meseta salían carnes saladas, quesos y productos del campo, aunque la mayor fama era para los pescados que, debidamente empacados y llevados con diligencia, llegaban a ciudades castellanas, sobre todo a Madrid, para consumo de los más pudientes. La mayor parte del pescado se transportaba ya seco o en conserva de sal, salmuera, escabeche... Tenían fama las sardinas saladas que se vendían en los mercados de La Bañeza, Medina del Campo, Medina de Rioseco, Villalón o Benavente.

El de arriero era oficio que se agrupaba por familias. Los estudiosos señalan como muy frecuentes los de apellido Alonso, Botas, Calvo, Carro, Cordero, Martínez, Manzanal, Nieto, Ramos, Salvadores...

Cada cierto tramo de camino, y sobre todo en villas, existían los mesones donde hombres y animales podían descansar y guardar las mercancías. Se sabe que el camino heredero de la vía romana que conectaba el golfo Ártabro con la Meseta se dividía en los siguiente tramos: Betanzos – Portobelo - Outeiro de Rei - Hospital de Charmoso - Galegos- Fontefría – Pedrafita – Trabadelo – Cacabelos - Molinaseca- Foncebadón y Astorga. En cada jornada se hacían 30 ó 35 kilómetros y los animales cargaban entre cien y ciento cincuenta kilos. Solían viajar en grupos de entre cinco y siete arrieros y cada uno con entre cinco a siete animales.

Si lo permitían la climatología y los caminos también utilizaban carromatos de grandes ruedas que, tirados por caballerías, permitían mayor velocidad que los lentos carros del país tirados por bueyes o vacas.

En este contexto, y aunque muy tarde para los tiempos, llegó la modernización del trazado y firme de las carreteras y también llegó el ferrocarril. En Vilalba recordamos que se inició la construcción de la carretera de Vilalba a Mondoñedo en 1853, que en 1860 se inauguró la que iba de Ferrol a Castilla por el puente de Rábade y Vilalba, que en 1881 se acabó la que venía de la estación de tren de Baamonde, que en 1905 se arregló la de Vilalba a Betanzos, que la de Vilalba a Meira se empezó en 1912 y no se acabó hasta 1925 y que en 1933 fue trazada la de Vilalba a Chavín por A Balsa con ramal, muy polémico en aquel tiempo, a la iglesia de San Simón. En setenta años Vilalba quedó como paso obligado para la circulación de viajeros y mercancías no solo de toda la comarca sino también para los que buscaban unir la meseta de Lugo con las costas de Ribadeo-Asturias, con la comarca de Viveiro-Ortegal, con las rías de Ferrol-Pontedeume y también con las de Betanzos-A Coruña. Y fue lástima que no llegara a ser realidad el tan ansiado y demandado ferrocarril que conectara el interior de la provincia con la costa, ese que iba a ir de Lugo o Baamonde hasta Ribadeo por Mondoñedo y con ramal a Viveiro.

Como las recuas de mulas no podían competir con el precio de los portes de auto-camiones y ferrocarril, las familias maragatas adoptaron una nueva estrategia comercial, que fue la de asentarse de manera permanente en lugares donde ya eran conocidos y en el nicho de negocios que conocían. En ciudades o villas grandes algunos comerciaron con los productos textiles, ampliando de los derivados de la lana de oveja a los paños de algodón e incluso a prendas ya confeccionadas. En lugares estratégicos establecieron negocios relacionados con los productos que se producían en la comarca.

Fue así como en Vilalba quedaron establecidos los comercios relacionados tanto con la compra-venta de productos del campo, que prolongaban a diario los negocios de las ferias, como los dedicados a mesones, casas de comidas y suministradores de vinos y aguardientes. Recordamos la emblemática casa del Maragatín o de las Margatinas, famosa en toda la comarca y que lamentablemente ardió hace pocos días. También una taberna que había en A Ferrería, que vendía el vino traído en cubas, donde había horno de cocer, de forma que podía comprarse pan e incluso por el San Ramón bizcochos. La casa de Martín Seco fue inaugurada en 1922 en la calle Cos-Gayón, hoy calle de Galicia, y se dedicó originariamente a comidas y venta de vino, si bien con el paso de los años se reconvirtió en almacén de materiales de construcción. En esta misma casa también hubo mercería y despacho de tejidos, que atendía una hermana de Martín. La casa Maragata de Ínsua, a 8 kilometros de Vilalba, emplazada al lado de la carretera a Baamonde y poco antes de llegar al puente de Saa, daba comidas y tenía hostal. Sabemos que otros maragatos quedaron establecidos en Nete-Noche y que se dedicaron a la agricultura. Otros negocios del mismo estilo hubo en la villa, que se relacionaron con aquellas familias que escogieron Vilalba para asentarse, como los Lafuente, Criado, Nistal y Seco.

Casa da las Maragatinas

 

Los negocios de referencia de los maragatos crearon riqueza y circulación monetaria. Los más prósperos construyeron nuevas y amplias casas que atendían tanto a los modernos criterios higiénicos que las ciencias médicas aconsejaban como a las necesidades y servicios que los negocios demandaban. Especial escenario a este respecto fue la “carretera”, denominación referida al tramo de la carretera de Ferrol-puente de Rábade, que en Vilalba iba desde el cruce con la carretera de Mondoñedo-Oviedo hasta A Pravia. Fue ahí donde se establecieron negocios emblemáticos y de referencia durante años. Recordamos la Vizcaína, la casa Gayoso (después de don Ángel Rego), la de Jesús Gayoso y sucesores, la antigua casa Lamas, la casa Puentes... Entre todas era de especial referencia la casa Maragata conocida coloquialmente como Las Maragatinas.

La casa de las Maragatinas

Fundada allá por 1915 por Francisco Nistal Reñones, el edificio de traza modernista fue construido para albergar el negocio de compra-venta de productos del campo, diaria prolongación de las transacciones que se realizaban en las ferias. La distribución interior del mismo consistía en un sótano ventilado donde se mantenían temperaturas adecuadas para almacenar carnes saladas, un bajo donde se emplazaba el despacho, separado de la cocina-comedor de los moradores, una planta alta de habitaciones y un bajocubierta o desván alto que recibía luz por una galería con vistas a la “carretera”. En el imafronte principal se abrían puertas y ventanas de generoso tamaño aportando iluminación interior y ventilación adecuadas. Los vanos se remataron en arcos deprimidos cóncavos, permitiendo que los empujes de las paredes pudieran derivarse a la parte más gruesa de los muros que separaban puertas y ventanas, y por lo tanto las cargas iban directamente a la cimentación. Bien curadas vigas de madera de una sola pieza repartidas estratégicamente agarraban de pisos y enlosado. En conjunto, un magnífico edificio, posiblemente diseñado por un arquitecto competente que, con el oportuno mantenimiento, sirvió para la función para la que fue diseñado durante noventa años y que duró hasta el presente.

Las cosas cambiaron el pasado día 7 de junio de este 2021. De madrugada un vecino observó una notoria fuga de agua. El escape ya debía llevar tiempo activo minando la cimentación del imafronte de la casa. Todo indica que procedía de la traída general de la villa que pasa bajo la acera a lo largo de toda la “carretera”. Fuentes consultadas informan de que la tubería de la traída de aguas es frágil y antigua, y que por las noches, por no haber consumo, soporta presión mayor que por el día. El resultado fue que el agua hizo caer el imafronte que daba a la “carretera”, que luego rompió la tubería del gas y que los cables eléctricos extendidos por los imafrontes producirían alguna chispa. El virulento incendio fue inevitable al encender el gas. En los primeros momentos resistieron los pisos, pero la fuerza de las llamas provocó que la madera de los pisos ardiera y luego todo se fue derribando. Los resultados están a la vista.

La casa de las Maragatinas

 

Hoy, mirando atrás, queda pensar en lo que se perdió. Desapareció una casa y también debieron de desaparecer documentos que ilustrarían la historia de Vilalba del siglo XX. Puede que a través de ellos se pudieran rastrear las circunstancias de la llegada de familias maragatas a la comarca y los negocios de las ferias. Se perdió un magnífico edificio que era de los pocos ejemplos de construcciones modernistas que quedan después de que el antiguo cine muriera por la especulación. Se perdió el moblaje interior de la casa, de primera calidad, alguno también de traza modernista, que se mantenía con fidelidad a los momentos en los que se adquirió. Se perdieron recuerdos de dos generaciones de origen maragato con fama de seriedad, y que, lejos del estraperlo, contribuyeron al comercio y prosperidad de Vilalba y comarca.

Hoy, diez días después de ver arder el edifico de la casa Nistal Reñones, cortado el paso a automóviles y transportes por la “carretera”, el comercio parado, siendo escasa la circulación monetaria, la calle solo es frecuentada por usuarios de hostelería. Resulta fantasmal ver un tramo de vía que fue motor del progreso de Vilalba porque en ella hubo negocios.

Sirvan estas líneas para recordar al matrimonio formado por Francisco Nistal Reñones (1888-1964) y Dominga Reñones Alonso (1888-1931) y también a sus hijas Pepita (1925-1985), Elvira (1915-2001) y Pilar (1922-2016) Nistal Reñones. Durante cien años vieron pasar por delante de su puerta la intrahistoria de Vilalba.

Na Prensa

Se derrumba una casa de dos plantas en el centro de Vilalba - La Voz de Galicia, 08/06/2021

O comercio que creou unha nova Vilalba - La Voz de Galicia, 14/06/2021

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Maragatos con moita historia - El Progreso, 04/08/2021